‘AVENGERS: ENDGAME’: La Saga del Villano Invencible

En los años que llevo escribiendo crítica cinematográfica para diversos medios (o hablando de películas ante el micrófono, que para el caso es casi lo mismo) hay ciertos filmes que dejan una marca clara y concisa como los separadores en los libros. No hablo necesariamente de la calidad de las películas que conforman esta lista sui generis, cuya curaduría sólo es de interés propio. Me refiero a que marcan un lugar y un momento particular en mi vida que quizá me hace reflexionar sobre asuntos puntuales respecto a decisiones clave que he tomado… y otras más que he dejado de tomar cuando la oportunidad se presentó. 

Al ver ‘Avengers: Endgame’ volví a añadir una de estas marcas de agua virtuales a las páginas (así sean digitales) que integran la reseña que ustedes leen y que yo mal escribo. Estoy contemplando una de esas reinvenciones profesionales que terminan en estrepitosos fracasos o en grandes triunfos para el ego, pero que terminan por marcarnos. Como en todo gran emprendimiento, hay que evaluar los factores del riesgo y reconocer al gran enemigo detrás de nuestros planes. Me resulta curioso reconocer el mismo villano para mis planes a futuro que el que contemplan nuestros héroes en esta ambiciosa historia. No, no hablo de Thanos. Pongan atención, por favor.

Hablo del tiempo. 

Sí, Thanos es de manera inequívoca el rostro físico detrás del gran antagonista. No, no es esa figura de “villano noble” en la que le hemos encumbrado, quizá para lidiar con el drástico asunto de que se escabechó a la mitad del Universo Cinematográfico Marvel (o del universo, punto) con sólo chasquear los dedos en el desenlace de la película anterior de la saga. De acuerdo, Thanos repite en el rol del adversario más temible, del oponente más letal, del intelecto más cruel y a la par más astuto dentro de este mundo superheroico. 

Pero no nos engañemos: el villano invencible siempre fue y siempre será el tiempo. Es el tiempo que tiene a nuestros protagonistas, agónicos sobrevivientes de ‘Avengers: Infinity War’, tristeando por un sombrío cuartel general de los héroes sobre la tierra, ponderando qué harían si tuvieran una oportunidad de rectificar sus acciones. Captain America (Chris Evans) quisiera haber tenido tiempo de reintegrarse al equipo que abandonó durante los eventos de ‘Civil War’ para ser más efectivo en la lucha recién perdida. Un recién rescatado Tony Stark (Robert Downey Jr.) se percata del tiempo que perdió en luchas internas cuando debió haberse dedicado a anticipar la llegada de Thanos. Thor es un desastre, y quisiera volver en el tiempo para asestar un golpe fatal en la cabeza del titánico alienígena de piel morada. ¿Y qué reclamo le hacen a una recién llegada Captain Marvel (Brie Larson)?

“¿Dónde habías estado todo este tiempo?” Y es que la necesitaban, claro. El hecho de que esté velando por el destino de miles, quizá millones de mundos además del nuestro, no es excusa. Nuestro tiempo es el que nos importa, siempre. 

La película parte de una cruel escena que nos retrata la enorme pérdida que significó para algunos de nuestros personajes el mítico chasquido que echó a andar el poder de las gemas del infinito. Toda la secuencia es simple, pero dolorosamente efectiva. Quienes estaban hace un instante se han desvanecido en el aire, y no hay respuestas. La ira y la impotencia mueve a los sobrevivientes a buscar una resolución, pero cuando localizan a un Thanos que parece haber mutado en humilde campesino interestelar, es demasiado tarde. Las gemas han sido destruidas. No hay forma de echar atrás el tiempo. 

Es en este punto donde la trama da un salto de cinco años que nos muestra las consecuencias de ese mundo reducido a la mitad. Y lo cierto es que el idílico equilibrio que el antagonista pretendía lograr con su “recorte de personal redundante” no fue más que una condena al dolor de la incertidumbre. Vemos que los sobrevivientes viven con culpabilidades, pero no progresan. La insensatez del acto no depuró al universo: simplemente lo arrojó a una búsqueda infructuosa de significado. ¿A dónde se fueron los desaparecidos? ¿Cómo superar su ausencia? El tiempo no cura estas pérdidas. Porque recordemos que aquí es el malo.

La fortuita reaparición de un “héroe menor” (el Ant-Man interpretado por un magnífico Paul Rudd) vuelve a colocar las fichas sobre el tablero de juego, revelando que el “espacio cuántico” donde él logra moverse puede fungir como una especie de puente hacia épocas previas. El hallar una solución viable para establecer dicho salto al pasado corresponde a dos de las mentes más brillantes de la Iniciativa Avengers: el previamente mencionado Stark y Bruce Banner AKA Hulk (Mark Ruffalo). El problema es que el primero ha descubierto una semblanza de vida familiar funcional y no quiere seguir jugando al héroe, mientras que el segundo… bueno, digamos que ha logrado vivir en un cómodo punto medio entre la salvaje bestia irradiada que todo lo destroza y el sofisticado científico que antepone razón a sentimientos. 

Pese a todo, sabemos hacia dónde nos lleva la historia. Y aquí es donde los directores Anthony y Joe Russo encuentran el primero de muchos aciertos: adoptar la narrativa de una heist movie. La cosa es que en lugar de planear el atraco a la bóveda de un banco o el hurto de una suntuosa colección de joyas, esta pandilla va detrás de las gemas del infinito en distintos puntos de su línea de tiempo. 

Marvel Studios’ AVENGERS: ENDGAME..L to R: Nebula (Karen Gillan) and War Machine/James Rhodey (Don Cheadle)..Photo: Film Frame..©Marvel Studios 2019

No, no es tan complicado como lo hice sonar. De hecho otro gran acierto es hacer un poco de burla a las películas de viajes en el tiempo mencionándolas de viva voz entre los diálogos, para después adentrarnos en varias misiones que revisitan filmes anteriores. Es curioso que estos saltos de tiempo logran además reivindicar algunos de los filmes menos afortunados del MCU (te estamos mirando, ‘Thor: The Dark World’), sin pretender reescribirlas de tajo. 

Así y todo, el momento en el que descubrí al tiempo como fuerza imposible de doblegar fue prestando particular atención a nuestros Avengers originales. Al contrario de los cómics que les dieron vida a los personajes, el cine es un medio por el que el tiempo pasa. Tiene el efecto benéfico de avanzar la tecnología al punto de que podemos “rejuvenecer” a muchos de nuestros actores (aquí ocurre en algunos notorios casos), pero todos sabemos que Robert Downey Jr. no va a poder extender mucho más su pacto con el diablo como perenne Iron Man. Simplemente no es natural que ocurra. El gag detrás de un Thor que ha perdido su imponente físico con el paso del tiempo es efectivo precisamente porque sabemos que es algo que tristemente ocurre en la vida real. George Reeves, el Superman de los años cincuenta, se pegó un tiro cuando se dio cuenta de que no podía hacer más las peripecias físicas requeridas por el hombre de acero. Triste. Real. 

Es por ello que el filme que todos sabíamos que constituiría un adiós para muchos de los personajes de la saga debe tomar las decisiones lógicas que surgen tras más de una década de estrenos con salas llenas. El vigésimo segundo título del MCU es una carta de amor para esos nombres que conformaron la franquicia fílmica más exitosa de la historia. Sí, es inútil negarlo. Estas películas van de lo pasable a lo francamente admirable. Exploran el drama shakesperiano, la épica construcción de mitologías complejas, el cine de espionaje, la comedia y un sinfín de subgéneros con plena soltura… pero siempre regresan a ese vínculo común. El gran plan, la gran historia que una toda las narrativas, está aquí sin ninguna duda de lo que tiene que hacer para entregarnos un final satisfactorio.

Y vaya que lo es. Para ser un filme que nos presenta la batalla más espectacular que el Universo Marvel jamás haya visto, se siente curiosamente íntima, entrañable. Hay adioses sentidos detrás de los sacrificios nobles, pero se sienten ganados a pulso. Cuando la luz detrás de los ojos que hemos visto guiñar decenas de veces, en la complicidad del “todo va a salir bien”, se apaga de forma inequívoca y concluyente, ¿qué nos queda?

Creo que nos queda estar agradecidos. Debo ver esta película un par de veces más y dejarla reposar (darle tiempo, vamos) para poder evaluarla con plena justicia, pero me está costando mucho trabajo encontrar argumentos para afirmar que no es la mejor. 

Así pues, ya sabes qué esperar. Haces bien si te has alejado de redes sociales y otras formas de comunicación humana para evitar ahorrarte las sorpresas, aunque quienes saben leer entre líneas las declaraciones de actores, directores y productores, siempre pueden intuir quienes sobreviven para luchar en un futuro filme y quienes han cerrado este capítulo inevitablemente. Pero hay que decirlo: si las despedidas que vemos en ‘Avengers: Endgame’ son definitivas… vaya manera de decir adiós, sin quedarnos a deber y dejándonos con la memoria de quienes algún día serán reemplazados dentro del personaje, pero jamás olvidados por la forma en que hicieron suyo dicho personaje.

Es tarde ya. Has empleado tiempo en ver las películas de Marvel, en leer estas reseñas, en especular sobre el rumbo que tomarán estas historias. Sólo recuerda que no debemos apegarnos demasiado a cuestiones que jamás derrotarán al paso de los años. El Tarzán de Weissmuller, el Bond de Connery, el Joker de Nicholson, todos fueron considerados en algún momento como versiones definitivas de los personajes. Hasta que un buen día descubrimos que no era así, y estuvimos bien con ello. El tiempo es un villano que no podemos derrotar, pero entenderlo nos permite sacarle provecho, hacer que trabaje a nuestro favor. Ser un poco héroes, a fin de cuentas.