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	<title>película &#8211; FINÍSIMOS</title>
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		<title>Todas llevan a &#8216;Roma&#8217;</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Toño Sempere]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 16 Dec 2018 08:35:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Post]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonso Cuarón]]></category>
		<category><![CDATA[cine]]></category>
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					<description><![CDATA[“La vida puede ser triste, pero siempre es bella”, dice el personaje de Ferdinand en ‘Pierrot le Fou’&#160;(1965). Esa frase siempre me ha fascinado, pues habla de encontrar una estética pura y sin compromisos hasta en los entornos trágicos. Queda claro que los últimos abundan. El director de esa película, &#8230; ]]></description>
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<p><i>“La vida puede ser triste, pero siempre es bella”</i>, dice el personaje de Ferdinand en <i>‘Pierrot le Fou’</i>&nbsp;(1965). Esa frase siempre me ha fascinado, pues habla de encontrar una estética pura y sin compromisos hasta en los entornos trágicos. Queda claro que los últimos abundan.</p>



<p>El director de esa película, Jean-Luc Godard, acuñó una frase que encaja perfectamente con la anterior, y con lo que comunica <em>‘Roma’ </em>(d. Alfonso Cuarón, 2018), una obra divisiva y, quizá por ello, brillante: <em>“La realidad es complicada. Las historias le dan forma”</em>. Anoten esas máximas quienes crean que Cuarón tiene una deuda con el realizador francés, por favor.&nbsp;</p>



<p>Déjenme aclarar que yo no creo que tal deuda exista. Tampoco voy a sumarme al manojo de listillos que consideran que el mexicano no aporta nada nuevo, anunciando como descubridores del huevo frito que se apoya tanto en la estética visual como narrativa del neorrealismo italiano. Vamos a aclarar algo: Cuarón no tiene saldos pendientes con Godard, Visconti o De Sica. Y ciertamente no nos debe nada a ti o a mí.&nbsp;</p>



<p>Alfonso Cuarón nada más quería contarnos una historia personal.&nbsp;</p>



<p>Y lo que salió fue algo más… universal. Tenemos ante nosotros un filme inequívocamente mexicano, con sólidos roles femeninos pese a que su contexto histórico ubicaría lógicamente a la mujer en situaciones de plena sumisión. Es una obra que no busca glamorizar la condición servil del indígena, sino de darle una voz que llega a destiempo y que hoy día seguimos sin comprender. Una trama que se abstiene de telegrafiar su gran contexto y prefiere ubicarnos en los sucesos, para que percibamos la realidad por mérito, no por adoctrinamiento.</p>



<figure class="wp-block-image"><img data-recalc-dims="1" fetchpriority="high" decoding="async" width="735" height="417" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/roma2.jpg?resize=735%2C417&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-250" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/roma2.jpg?resize=1024%2C581&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/roma2.jpg?resize=300%2C170&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/roma2.jpg?resize=768%2C436&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/roma2.jpg?w=1960&amp;ssl=1 1960w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/roma2.jpg?w=1470&amp;ssl=1 1470w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<p>Ah, y logra lo anterior con una fotografía impecable, un diseño de producción exquisito y evocador, una perspectiva humana casi sin precedentes, un cuadro actoral novato donde la protagonista jamás se había plantado en un set de filmación, un lujo simbólico lleno de discreción y mesura, una belleza caótica… y un perro como único recurso humorístico.</p>



<p>No, queridos: Cuarón no nos debe nada. Si no te gusta su estilo o su película, todo está bien, no estamos ante un producto que busca el aplauso fácil. Es una labor más propia de un artesano que de un innovador, y eso está muy bien. Las dos películas previas de Cuarón, <em>‘Gravity’</em> (2013) y <em>‘Children of Men’</em> (2006) ya le ganaron un lugar como un visionario de la técnica, un hombre en busca de retos de manufactura. Y es que esos los resuelve cualquier cerebro izquierdo (analogía falaz pero útil, no me arroben), mientras que se requiere un talento especial para emocionar sin manipularnos.&nbsp;</p>



<p>¿No me creen? Busquen contar de forma coherente un acontecimiento histórico relevante a través de su unidad de influencia más básica: la forma en que les afectó a ustedes, personalmente. En el peor de los casos serán criticados con el sobado “<em>no puedes hacer que todo trate sobre ti</em>”. Y en el mejor de los casos hallarás la metáfora perfecta, la dimensión correcta para sentir empatía hacia <em>tu</em> historia, hacia <em>tu</em> contexto. Bueno, felicidades si logras esto último. Sólo deja decirte que eso es justamente lo que Cuarón logra en <em>‘Roma’</em>, una y otra vez: narrar esa historia chiquita, que tantas veces has pasado por alto, con la heroína más improbable como vehículo… y hacerla sonar grandilocuente, poética.&nbsp;</p>



<p>El ritmo de <em>‘Roma’</em> puede parecerte cansino o reiterativo en el arranque, pero es hora de que seas honesto: lo que encuentras cansado es el mundo donde se desarrolla. Y es que es el mundo que hemos perdido. No había ubicuidad de pantallas distrayendo a cada miembro de una familia, sino una sola, un televisor de 24 pulgadas (a menudo en blanco y negro) que congregaba a la sociedad en su unidad básica después de los alimentos. Sí, los alimentos también se consumían en familia. ¡Aterrador!</p>



<figure class="wp-block-image"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" width="735" height="334" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/MV5BNWY4ZDQzMjQtZTRhNi00MjJkLWJlNmItYzljN2Q3M2FkNGYyXkEyXkFqcGdeQXVyMzI4NTIxMjE%40._V1_SX1777_CR001777806_AL_.jpg?resize=735%2C334&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-248" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/MV5BNWY4ZDQzMjQtZTRhNi00MjJkLWJlNmItYzljN2Q3M2FkNGYyXkEyXkFqcGdeQXVyMzI4NTIxMjE%40._V1_SX1777_CR001777806_AL_.jpg?resize=1024%2C465&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/MV5BNWY4ZDQzMjQtZTRhNi00MjJkLWJlNmItYzljN2Q3M2FkNGYyXkEyXkFqcGdeQXVyMzI4NTIxMjE%40._V1_SX1777_CR001777806_AL_.jpg?resize=300%2C136&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/MV5BNWY4ZDQzMjQtZTRhNi00MjJkLWJlNmItYzljN2Q3M2FkNGYyXkEyXkFqcGdeQXVyMzI4NTIxMjE%40._V1_SX1777_CR001777806_AL_.jpg?resize=768%2C349&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/MV5BNWY4ZDQzMjQtZTRhNi00MjJkLWJlNmItYzljN2Q3M2FkNGYyXkEyXkFqcGdeQXVyMzI4NTIxMjE%40._V1_SX1777_CR001777806_AL_.jpg?w=1170&amp;ssl=1 1170w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<p>No lo tomes como nostalgia manipulativa, ésa era la realidad. También era real la rutina de una familia de clase media, con su organización jerárquica donde la figura paterna dominaba tiránicamente los tiempos y atenciones, así fuere en algo tan trivial como estacionar el auto en la cochera. Y la realidad es que la ilusión de movilidad social se reforzaba siempre con la presencia perenne del personal de servicio.</p>



<p>Ah, el discreto, frecuentemente sometido personal de servicio. Esas invisibles presencias que hacían funcionar las vidas de personas a quienes llegaban a apreciar, pero donde nunca se alcanzaba el elusivo <em>pertenecer</em>. El amor a “Libo”, la nana indígena a quien el director dedica el filme, jamás se pone en duda. ¿Cómo hacerlo cuando el resultado es una confesión emocional que suena a acto de contrición? No sé qué tan cercanos a la realidad de la infancia de Cuarón sean los hechos, pero me queda claro que sabe de ese gran problema que nos afecta a los clasistas, racistas y pretenciosos mexicanos nacidos en el <em>‘Arriba y Adelante’</em> de Echeverría: el país de muchos en verdad le pertenece a muy pocos.&nbsp;</p>



<figure class="wp-block-image"><img data-recalc-dims="1" decoding="async" width="735" height="401" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Roma-dolby.jpg?resize=735%2C401&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-249" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Roma-dolby.jpg?resize=1024%2C559&amp;ssl=1 1024w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Roma-dolby.jpg?resize=300%2C164&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Roma-dolby.jpg?resize=768%2C419&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Roma-dolby.jpg?resize=735%2C400&amp;ssl=1 735w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Roma-dolby.jpg?w=1100&amp;ssl=1 1100w" sizes="(max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<p>Una vez que esa rutina de servicio queda establecida, <em>‘Roma’</em> construye su historia a base de pequeños dramas que se entrelazan en un tejido social común, con intrincados y sutiles matices. Aquí los hombres que abandonan. Allá el embarazo no deseado. Una soledad que encuentra compañía en un dolor difícil de expresar. Un cariño genuino por personas cuya cuna no compartimos, mientras sentimos un rechazo hacia nuestra propia sangre. Una búsqueda de equilibrio que es tan difícil de encontrar en el día a día como en un ejercicio de concentración dirigido por un musculoso Profesor Zovek.</p>



<p>Y en lo alto, recordándonos que hay otros mundos, otros dramas: aviones. Aparecen esporádicamente, forzando a que apartemos la vista de esas calles llenas de color dentro de la monocromía. Y sus estruendosos motores se pierden en una sinfonía urbana extraída de recuerdos, de jingles radiofónicos y chirriar de tranvías. El diseño sonoro de <em>‘Roma’</em> es una de las creaciones más prodigiosas que haya explorado el cine mexicano, y negarse a su embrujo es perderse de otra meticulosa y artesanal aportación que el proyecto puede presumir sin miedo alguno.</p>



<p>Pero el eje de todo es Cleo (Yalitza Aparicio). La Cleo que permite que leamos su mente dejándose arropar por la cámara en momentos de vulnerabilidad y de resolución. La Cleo que ama a “su niño”, pero no desea ver nacer a <em>su</em> niña. La Cleo bilingüe, cuyo español parco y respetuoso disfraza la alegría que resuena en su mixteco nativo. La Cleo que se pierde en un recuerdo de su origen cada vez que el viento levanta la tierra y la hace volar entre los árboles. La Cleo, carajo. Siempre la Cleo. No se puede decir suficiente de ella, y espero de corazón que la historia del cine le rinda justicia.</p>



<figure class="wp-block-image"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" width="735" height="414" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Yalitza-Aparicio-Roma-NYTimes.jpg?resize=735%2C414&#038;ssl=1" alt="" class="wp-image-246" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Yalitza-Aparicio-Roma-NYTimes.jpg?w=750&amp;ssl=1 750w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/12/Yalitza-Aparicio-Roma-NYTimes.jpg?resize=300%2C169&amp;ssl=1 300w" sizes="auto, (max-width: 735px) 100vw, 735px" /></figure>



<p>Un querido amigo, de esos que son más familia que simple amistad, me retó a no justificar mi crítica a ‘Roma’ mediante lo evocativo o lo emotivo. Imagino que sería un ejercicio tan inútil como afirmar que lo que me hace llorar del <em>‘Clair de Lune’</em> de Debussy es que está compuesta en Fa Mayor. ¿Cómo explicar que hay una escena en un hospital cuyo profundo dolor se comunica con una precisión despiadada… misma que he vivido de primera mano, permitiéndome certificar su autenticidad? ¿Les cuento de aquella vez en que mi familia y amigos apagamos un incendio en un bosque, igual que como lo cuentan en la pantalla? ¿Necesito relatar las visitas infantiles al negocio familiar de telas, ubicado en la calle de Campeche, y la forma en que mis pasos hicieron eco emocional gracias a una evocadora visita del elenco al desaparecido Cine Las Américas?</p>



<p>¿Para qué?</p>



<p>Me quedo con esos dolorosos pero necesarios anuncios de divorcio, con esa inclemente resaca de la playa de Tuxpan, con esa ilusión de morir acompañados mientras se mira al cielo desde una azotea. Me quedo con niños que todavía jugaban a ser astronautas, sin importar si lo hacían en lodazales de barriadas pobres o en los arroyos de una idílica campiña. </p>



<p>Me quedo con la idea de que el pulquito y el aguardiente le hacen bien al bebé, con el morbo análogo del adolescente que hojea revistas en un quiosco, con armas de fuego que amenizan picnics y que matan disidentes en las calles, con Siempre en Domingo y La Pantera, con el pretencioso lujo del Galaxy y la austera practicidad del Renault. </p>



<p>Me quedo con esos vastos lienzos pintados de luz donde seguimos una historia, mientras al fondo se desenvuelven docenas más.&nbsp;</p>



<p>Me quedo con la historia de Cleo, porque ayuda al egoísta fin de recordar un poco de <em>mi</em> historia. No sea que me toque ser el primero en olvidarla.&nbsp;</p>



<p>Y es que, parafraseando las líneas iniciales, la vida tiene derecho a ser triste, pero eso no niega su belleza.</p>
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		<title>‘Bohemian Rhapsody’: Cada quién su Freddie</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Toño Sempere]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Nov 2018 09:04:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Post]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1"><span class="s1">Mi película de Queen muestra la niñez de un joven Farrokh Bulsara en su natal Zanzíbar. Lo vemos asistir a clase en un colegio de monjas anglicanas, sopesando su fe zoroastra frente a la de sus educadores británicos, enfrentando las burlas de sus compañeritos de escuela por causa de su prominente dentadura, y sobreponiéndose a todo con un talento musical nato, floreciente.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Mi película de Queen tiene una escena donde la banda y David Bowie se reúnen para las grabaciones de ‘<em>Under Pressure</em>’. John Deacon crea ese incomparable <em>riff</em> de bajo sobre la incompleta ‘<em>Feel Like</em>’ de Roger Taylor, mientras David Bowie y Freddie Mercury improvisan versos entre copa y copa de vino, línea y línea de coca. Brian May intenta convencer a los dos andróginos ídolos de que la mezcla de la canción no es la apropiada, pero todo se convierte en un duelo de egos que dura 24 horas ininterrumpidas. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Mi película de Queen culmina con la grabación de ‘<em>The Show Must Go On’</em>. Es una auténtica prueba de fuego para el físico de un Mercury devastado por el sida. May le ofrece atenuar un poco los pasajes vocales más exigentes, a sabiendas de que su amigo no puede dar mucho más de sí. “<i>Oh Brian, you’re fucking making me tear my throat to bits again!”, </i>protesta el cantante mientras se levanta lastimeramente del sillón en el estudio. Freddie se yergue ante el micrófono, pide que corra la cinta y procede a grabar el himno más desgarrador de la banda… en una sola toma.</span></p>
<blockquote>
<p class="p1" style="text-align: center;"><strong><span class="s1">&#8220;I&#8217;ll face it with a grin</span></strong></p>
<p class="p1" style="text-align: center;"><strong><span class="s1">I&#8217;m never giving in</span></strong></p>
<p class="p1" style="text-align: center;"><strong><span class="s1">On with the show&#8221;</span></strong></p>
</blockquote>
<p class="p1"><span class="s1">Todo muy emotivo en mi cabeza. Pero el problema de evaluar una biopic emana de dos situaciones muy claras, más allá de que el subgénero suele ser impreciso por naturaleza. Por un lado nos gana la admiración por el sujeto de la película (y no nos engañemos, ‘<em>Bohemian Rhapsody</em>’ es una película sobre Freddie Mercury, más que una película sobre Queen). Y por el otro, sucede lo que describo al principio del texto: todos tenemos nuestra propia película de Queen.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Antes de su estreno, el público potencial del filme se mostraba preocupado por una aprobación de 60% en Rotten Tomatoes. “Pues al parecer no está buena”, era el comentario recurrente. Después de ver la película me interesa leer lo que otros colegas opinaron, en especial si su calificación fue reprobatoria. Curiosamente me topé con muchos argumentos basados en <em>lo que les hubiera gustado</em> como temas centrales de la película, no necesariamente en <em>lo que vieron</em> en la pantalla. Punto adicional para desconfiar de los críticos (incluyendo al que lees en este momento, por supuesto).</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">“<em>Traiciona tanto las raíces étnicas como la sexualidad de su protagonista</em>”… “<em>Pudo ser una poderosa declaración sobre los derechos LGBTTTIQ, pero se conformó con clichés</em>”… “<em>Si ya habían accedido a un actor de origen egipcio, ¿por qué no esforzarse un poco más y buscar a un parsi para interpretar el rol?</em>”… “<em>Mercury era mucho más que posturas andróginas sobre el escenario y pasión por los gatos</em>”… y así, <em>ad infinitum</em>, ese sustancial sector que desea que las agendas sociopolíticas le roben lugar a las misiones primarias del mejor cine: entretener y emocionar.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y por si fuera poco, olvidan lo más importante sobre la estrella de esta historia: antes que ser parsi, gay, temperamental, víctima del sida o ídolo de la música… Freddie Mercury siempre fue un <i>crowd pleaser</i>. Vivió para hacer vibrar al público, para borrar cualquier idea preconcebida que tuviéramos sobre la persona y quedarnos así con la música. Con la voz. Con el show. </span></p>
<p class="p1"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-227" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/Bohemian-Rhapsody-New-Trailer-Official-Poster-Movie-Preview-Rami-Malek-Tom-Lorenzo-Site-10.jpg?resize=735%2C310&#038;ssl=1" alt="" width="735" height="310" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/Bohemian-Rhapsody-New-Trailer-Official-Poster-Movie-Preview-Rami-Malek-Tom-Lorenzo-Site-10.jpg?w=1200&amp;ssl=1 1200w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/Bohemian-Rhapsody-New-Trailer-Official-Poster-Movie-Preview-Rami-Malek-Tom-Lorenzo-Site-10.jpg?resize=300%2C127&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/Bohemian-Rhapsody-New-Trailer-Official-Poster-Movie-Preview-Rami-Malek-Tom-Lorenzo-Site-10.jpg?resize=768%2C324&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/Bohemian-Rhapsody-New-Trailer-Official-Poster-Movie-Preview-Rami-Malek-Tom-Lorenzo-Site-10.jpg?resize=1024%2C432&amp;ssl=1 1024w" sizes="auto, (max-width: 735px) 100vw, 735px" /></p>
<p class="p1"><span class="s1">No dejes que nadie te diga que ‘<em>Bohemian Rhapsody</em>’ está para arrasar con los premios de la industria, pues es un proyecto demasiado accidentado para aspirar a tanto. La producción experimentó más arranques en falso que una reforma educativa. Cambió de protagonista primero, de guión después, y de director en el transcurso del rodaje. Muchos críticos prácticamente salivaban ante la perspectiva de un fracaso en taquilla, pues los <em>flops</em> de alto perfil siempre garantizan <em>clicks</em>.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y no, no es una joya de manufactura perfecta. Tiene demasiadas libertades creativas para serlo, además de que posee ciertas inconsistencias narrativas indefendibles (al parecer el resto del grupo sólo merece un <em>backstory</em> limitado a lo que estudió cada miembro en la universidad). Sin embargo, este filme es una especie de joya familiar: un preciado recuerdo que puede carecer de valor artesanal, pero nos damos el lujo de pasarlo por alto pues su estimación real reside en una trascendencia que se ha compartido generacionalmente. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Las carencias de la película vienen en materia de estructura, con pasajes apresurados que presentan cierto desconcierto para quienes buscan entender una clara línea de tiempo en torno al ascenso del grupo, de un desordenado proyecto musical universitario a la banda que hacía vibrar a centenares de miles de fans en monumentales giras mundiales. Y está claro que muchos de los conflictos han sido engrandecidos con miras dramáticas: los pleitos internos, la complicada relación de Freddie Mercury con su manager personal Paul Prenter, incluso las discusiones con ejecutivos de la disquera (amalgamados en un personaje ficticio a cargo de Mike Myers) son meras exageraciones para un proyecto musical que siempre se distinguió por ser atípicamente armonioso.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Pero esto da pie a que la historia se entretenga en mostrar una de las interpretaciones más espectaculares que se hayan logrado en torno a un artista icónico. Rami Malek ES Freddie Mercury, de los pies a la cabeza. Cada uno de los manerismos, los gestos teatrales y dramáticos, los cambios de voz relativos a los estados de ánimo, todo el conjunto de expresión histriónica nos retrata fielmente al vocalista andrógino y explosivo en escena, que más bien solía volver al retraído inmigrante una vez que bajaba la guardia de su persona pública. Esto es consistente con testimonios y biografías, pero los matices sutiles que logra el actor son un logro mayúsculo.</span></p>
<p><figure id="attachment_228" aria-describedby="caption-attachment-228" style="width: 768px" class="wp-caption alignnone"><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-228" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/bohemian-rhapsody-df-10193_rgb.jpg?resize=735%2C490&#038;ssl=1" alt="" width="735" height="490" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/bohemian-rhapsody-df-10193_rgb.jpg?w=768&amp;ssl=1 768w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/bohemian-rhapsody-df-10193_rgb.jpg?resize=300%2C200&amp;ssl=1 300w" sizes="auto, (max-width: 735px) 100vw, 735px" /><figcaption id="caption-attachment-228" class="wp-caption-text">Los hirsutos muchachos de Queen. De Izquierda a derecha: Ben Hardy (Roger Taylor), Gwilym Lee (Brian May), Joe Mazzello (John Deacon), y Rami Malek (Freddie Mercury). Foto: Alex Bailey.</figcaption></figure></p>
<p class="p1"><span class="s1">Si bien el resto del grupo no obtiene tanta cámara como Mercury, los retratos de cada uno de los miembros son fieles y atinados. El Brian May de Gwilym Lee es educado y profesional. Ben Hardy captura correctamente la personalidad de <em>rockstar</em> que era parte de la esencia de Roger Taylor. Y el discreto John Deacon, ese imprescindible “<em>Quiet One</em>” de todas las grandes bandas, obtiene varias líneas memorables y una sardónica complicidad con el trabajo de Joe Mazzello. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">La órbita en torno a la banda también se ve bien servida por actores capaces. Allen Leech sobresale como el mencionado Prenter, con su trayectoria de mascota servil a antagonista práctico. Aidan Gillen cubre el rol del ejecutivo musical ambicioso, mientras que Tom Hollander equilibra la balanza como el abogado (y eventual manager) del grupo Jim ‘Miami’ Beach. Pero los mejores parlamentos al lado de Freddie pertenecen a Lucy Boynton como Mary Austin, la mujer que fue el amor de la vida del cantante y que presenció sus altibajos personales más allá de los que ocurrieron en el plano profesional. La amiga que se dio cuenta… y aún así eligió quedarse con el hombre que quiso vivir <em>casi</em> todo con ella.</span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y todo lo anterior, en el fondo, no importa. Es en serio. Este análisis saldrá sobrando cuando puedas presenciar los 25 minutos finales de una recreación sin precedentes del Live Aid ’95: el momento en la historia de la música rock donde el mundo entero se detuvo para ver a su máximo <em>frontman</em> conquistando una corona que jamás le será arrebatada. La significación anecdotal de lo ocurrido en ese concierto es bien sabida, y ha cobrado nueva vida gracias a YouTube y a la capitalización de la nostalgia. Aún así, nada puede prepararte para la vibrante realidad de ver a Freddie Mercury moviendo a una audiencia de 72,000 personas en Wembley, y unos cientos de millones más vía satélite.</span></p>
<p><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-226" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/1531868251528_249928_cops_6.jpg?resize=735%2C315&#038;ssl=1" alt="" width="735" height="315" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/1531868251528_249928_cops_6.jpg?w=992&amp;ssl=1 992w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/1531868251528_249928_cops_6.jpg?resize=300%2C129&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/1531868251528_249928_cops_6.jpg?resize=768%2C329&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 735px) 100vw, 735px" /></p>
<p class="p1"><span class="s1">La tensión previa a tomar el escenario. Los ecos de la multitud resonando desde el graderío. El detalle meticuloso de cada gesto, cada movimiento, cada prop, el dinamismo de un grupo robándose el momento y haciéndolo parte de su legado… todo es perfecto. Ni las omisiones de un par de temas por cuestión de ritmo narrativo (las esperamos en el Blu-Ray, claro) pueden hacer mella en una de las secuencias más memorables que se hayan logrado en un biopic musical. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">La trascendencia de ‘<em>Bohemian Rhapsody</em>’ se debe a varios momentos emotivos, engarzados entre canciones inmortales que resuenan con los recuerdos de muchos, sí, pero va un paso más allá. He podido ver la película con fans devotos de Queen y con personas que escasamente sabían de la existencia de la banda, pero hay consistencia y comunión en esos minutos climáticos. Son minutos de euforia y de trascendencia, pero también de lágrima y nostalgia. Son lo más cercano que muchos estaremos de vivir en carne propia lo que debió pasar por la mente de cuatro estudiantes de una universidad británica, quienes recordaron en ese preciso instante que, al final del día, lo único que debe importar es dejar satisfecha a la audiencia. </span></p>
<p class="p1"><span class="s1">Y es en ese momento cuando puedo olvidarme de la película de Queen que hubiera deseado ver, y esta se convierte en MI película de Queen: cuando olvido que los escándalos, los vicios, las inconsistencias, la intolerancia y la tragedia nunca serán opacados por la grandeza de Freddie haciéndonos cantar a coro.</span></p>
<p><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-225" src="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/bohemian-rhapsodyPOSTERS.jpg?resize=735%2C563&#038;ssl=1" alt="" width="735" height="563" srcset="https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/bohemian-rhapsodyPOSTERS.jpg?w=900&amp;ssl=1 900w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/bohemian-rhapsodyPOSTERS.jpg?resize=300%2C230&amp;ssl=1 300w, https://i0.wp.com/finisimos.com/wp-content/uploads/2018/11/bohemian-rhapsodyPOSTERS.jpg?resize=768%2C588&amp;ssl=1 768w" sizes="auto, (max-width: 735px) 100vw, 735px" /></p>
<p>&nbsp;</p>
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